Tuesday, February 19, 2008

Redistribuyendo la riqueza en Shanghai

Hace dos días me robaron la moto. La segunda moto que me roban en 32 meses en China, sin contar cuando me robaron las baterías de una...

Lo curioso es que no me afectó casi nada. De hecho, podría decir que hasta me ha sentado bien. Veréis, me explico: el mes que viene nos mudamos a Pekín, para participar en un curso organizado por la UE y el Gobierno Chino, de 8 meses de duración. Una mudanza complicada, ya que con dos gemelos recién nacidos, buscar piso para 8 meses en la ciudad que albergará los JJOO este año, promete ser una aventura. Y encima con la de cosas que hemos acumulado en estos más de dos años en China. Pues bien, la moto estaba ya bastante cascada, con lo cual no podría haberla vendido, llevármela a Pekín tampoco salía a cuenta, y la opción de regalársela a algún amigo no me convencía tampoco (vete tú a saber si se va a romper José Carlos la crisma, luego cómo duermo yo por la noche!). Así que cuando salimos de cenar en la barbacoa coreana de la Big Thumb Square, y vi que había un hueco donde debería estar mi moto (candada y con alarma activada, todo hay que decirlo), no me alteré un ápice. Llamamos a la policía (estas cosas hay que denunciarlas, aunque solo sea para que las estadísticas reflejen fielmente la situación -aunque quién se fía de las estadísticas chinas?), pero me volví a casa super tranquilo.

A la mañana siguiente me levanté, saqué la bici oxidada de la terraza (casi dos años sin usarla y a la intemperie), la limpié a fondo, engrasé con 3 en 1 (o el sucedáneo chino), y ahora estoy hasta contento, siento como si tuviera una bicicleta nueva. Hoy hasta le he pintado de blanco el transportín!.

Pues eso, que ya escribiré más tarde poniendo al día de las últimas semanas, con el frío, los gemelos y la visita de mis papás. Que ahora tengo que salir pitando a una reunión de la Casa de España :)

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